CONTEXTO
Israel utiliza abiertamente la cultura como una estrategia para encubrir, o hacer un lavado artístico (artwash), del genocidio que está cometiendo en Gaza y del régimen de colonialismo, apartheid y ocupación militar que sostiene sobre los pueblos indígenas palestinos. El genocidio israelí ha incluido la destrucción deliberada de sitios arqueológicos y de herencia cultural en toda Gaza.
Así como los movimientos anti-apartheid sudafricanos pidieron a artistas, figuras de la literatura e instituciones culturales que boicotearan culturalmente a Sudáfrica, la Campaña Palestina para el Boicot Cultural a Israel (PACBI, por sus siglas en inglés) urge a las personas que trabajan en la cultura y a las organizaciones de todo el mundo, incluidos los sindicatos y asociaciones, a realizar un boicot o trabajar en pro de la cancelación de eventos, actividades, acuerdos o proyectos que involucren a Israel, sus grupos de presión o sus instituciones culturales cómplices.
Se pide a los escenarios y festivales que rechacen la financiación y cualquier forma de patrocinio del gobierno israelí o entidades cómplices. En tanto las instituciones culturales israelíes están implicadas en el genocidio, el apartheid y la ocupación militar, las personas y organizaciones dedicadas al arte tienen el importante deber ético de no perjudicar la lucha palestina. Para ello deben trabajar en cortar sus vínculos de complicidad con tales instituciones. Responsabilizar a Israel por la opresión del pueblo palestino es más urgente que nunca.
Decenas de miles de artistas de todo el mundo y un creciente número de organizaciones artísticas han apoyado públicamente el boicot cultural al apartheid israelí.
¿POR QUÉ?
Argumentos a favor del boicot cultural a Israel
Funcionarios del gobierno israelí han resumido cómo Israel instrumentaliza la cultura para cubrir sus graves violaciones del derecho internacional: “vemos la cultura como una herramienta de hasbara [propaganda] de primer orden”, admitió un funcionario, “y yo no hago una distinción entre hasbara y cultura”.
Las instituciones culturales de Israel son parte esencial del andamiaje ideológica e institucional del régimen israelí de colonialismo, apartheid y ocupación militar contra el pueblo palestino. Estas instituciones están claramente implicadas, ya sea a través de su silencio o de su participación activa en el apoyo, justificación y encubrimiento de la opresión y negación sistemáticas de los derechos del pueblo palestino.
Según las Directrices para el Boicot Cultural Internacional a Israel del movimiento BDS, para que las instituciones culturales israelíes pongan fin a su complicidad con el régimen de opresión de Israel y se vuelvan no-boicoteables deben cumplir dos condiciones básicas:
- Reconocer públicamente los derechos inaleanebles del pueblo palestino consagrados en el derecho internacional (incluidos los tres derechos básicos presentes en el Llamado del BDS del 2005).
- Poner fin a todas las formas de complicidad con la violación de los derechos del pueblo palestino estipulados en el derecho internacional, que incluyen las políticas y prácticas discriminatorias, así como sus diversos roles en el encubrimiento o justificación de las violaciones de Israel al derecho internacional y los derechos humanos del pueblo palestino.
Cuando artistas de fama internacional se presentan en escenarios e instituciones culturales israelíes cómplices o en eventos patrocinados por Israel, sus grupos de presión o instituciones cómplices, están ayudando a crear la falsa imagen de que el apartheid israelí es “normal”. La mayoría absoluta de figuras de la literatura, el arte y de centros culturales han apoyado el boicot cultural a Israel y hay un creciente número de israelíes anti-coloniales que apoyan el BDS, incluido el boicot cultural a Israel.
Para distraer y encubrir sus crímenes contra el pueblo palestino, y como respuesta a la PACBI, Israel lanzó la eficaz campaña propagandística “Marca Israel” (“Brand Israel”) en 2005.
Tras la masacre de 2009 en Gaza, por ejemplo, un funcionario israelí anunció un plan para "enviar a novelistas y autorías de renombre, compañías de teatro, exposiciones al extranjero" para "mostrar la cara más bonita de Israel".
Como revelaron los medios de comunicación israelíes, las personas artistas israelíes que reciben financiación estatal para actuar en el extranjero suelen firmar un contrato en el que se comprometen a “promover los intereses políticos del Estado de Israel a través de la cultura y el arte, lo que incluye contribuir a crear una imagen positiva de Israel”, con lo cual renuncian a cualquier pretensión de libertad artística.
Los escenarios, festivales y otras organizaciones artísticas internacionales se niegan cada vez más a aceptar financiación del gobierno israelí o a acoger a personas artistas/autoras que actúen como embajadoras culturales del régimen de apartheid de Israel.
Como parte de su limpieza étnica del pueblo palestino, Israel ha seguido una política de atacar deliberadamente la cultura palestina. Por citar solo algunos ejemplos:
Durante su genocidio contra 2,3 millones de personas palestinas en la Franja de Gaza ocupada ilegalmente, Israel ha destruido deliberadamente lugares irremplazables del patrimonio cultural palestino en Gaza, cuya historia se remonta hasta 4.000 años. Según especialistas en derechos humanos de la ONU, el genocidio de Israel ha incluido escolicidio y genocidio cultural, lo cual ha sido documentado por la Asociación de Estudios de Oriente Medio (MESA, por sus siglas en inglés) con sede en Estados Unidos. El pasado mes de octubre, el Grupo Regional Árabe del Consejo internacional de monumentos y lugares de interés artístico e histórico (ICOMOS, por sus siglas en inglés) escribió lo siguiente:
"Solo en Gaza hay más de 350 yacimientos arqueológicos, además de centros históricos, monumentos naturales y edificios tradicionales. Al menos dos tercios de estos yacimientos han sido bombardeados y destruidos, sea parcial o totalmente, lo que representa una grave pérdida del patrimonio cultural y humano del pueblo palestino y del patrimonio cultural mundial".
Ahora bien, los ataques de Israel contra la cultura palestina indígena no comenzaron con el genocidio de Gaza. Durante la Nakba de 1948 (la limpieza étnica sionista de la mayoría de la población palestina indígena), las milicias sionistas, y más tarde Israel, saquearon o destruyeron decenas de miles de libros propiedad de personas palestinas.
En 2018, durante su brutal agresión militar contra Gaza, los aviones de combate israelíes bombardearon y destruyeron deliberadamente el centro cultural Said al Mishal, incluido su cine infantil.
En 2009 la Liga Árabe y la UNESCO designaron a Jerusalén como Capital de la Cultura Árabe para ese año. Israel prohibió las celebraciones y la policía disolvió las reuniones culturales en lugares ubicados en la Jerusalén Oriental ocupada.
Durante la invasión militar de Israel a Ramala en 2002, los soldados saquearon centros culturales y destruyeron manuscritos originales pertenecientes al poeta palestino Mahmoud Darwish.
El régimen de opresión de Israel contra el pueblo palestino es una mezcla especial de colonialismo, apartheid y ocupación militar. Pero algunos liderazgos destacados de la lucha contra el apartheid en Sudáfrica, como Ahmed Kathrada, el ministro del gobierno de Mandela Ronnie Kasrils y el difunto arzobispo Desmond Tutu, han argumentado que el de Israel es una forma de apartheid más brutal que su predecesor sudafricano.
El boicot cultural al apartheid de Sudáfrica se dirigió a personas e instituciones cómplices, mientras que el boicot de la PACBI es institucional. El BDS se dirige a la complicidad, no a la identidad. Quienes ahora dudan en apoyar un boicot cultural institucional a Israel, cuando en el pasado apoyaron un boicot cultural generalizado contra el apartheid de Sudáfrica, tienen dificultades para explicar esta incoherencia.
En 2004 la Campaña Palestina para el Boicot Académico y Cultural a Israel (PACBI) hizo su histórico llamado al boicot cultural a Israel. En 2005 la PACBI se convirtió en una de las muchas entidades palestinas que lanzaron el histórico llamado al Boicot, Desinversión y Sanción (BDS).
El llamado de la PACBI insta a artistas, personas trabajadoras culturales y organizaciones culturales internacionales a boicotear y trabajar para la cancelación de actividades que involucren a Israel, sus grupos de presión e instituciones cómplices, o que encubran las violaciones de los derechos humanos por parte de Israel.
Para más información, lea el llamado completo y las directrices del boicot cultural.