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7 puntos sobre los principios éticos y profesionales del periodismo en la cobertura del genocidio y el apartheid de Israel contra el pueblo palestino

Introducción

Si el genocidio en curso de Israel contra 2,3 millones de palestinos y palestinas en la ilegalmente ocupada Franja de Gaza es el primer genocidio transmitido en vivo del mundo; el asesinato deliberado y masivo por parte de Israel de periodistas palestinos y palestinas y sus familias a lo largo de este genocidio, un fenómeno apodado “periodicidio”, tampoco tiene precedentes en la historia reciente. En noviembre de 2024, un Comité Especial de la ONU que investigaba las prácticas israelíes contra personas palestinas escribió: “En medio de la devastación en Gaza, la creciente censura de los medios de comunicación por parte de Israel, la supresión de la disidencia y la persecución de periodistas son esfuerzos deliberados para bloquear el acceso mundial a la información”. También señalaba cómo “las empresas de redes sociales eliminaban desproporcionadamente ‘contenido pro-palestino’ en comparación con los mensajes que incitaban a la violencia contra los palestinos y palestinas”.

Además de no cubrir ética y profesionalmente este genocidio, la mayoría de los principales medios de comunicación occidentales lo han permitido descaradamente. Ni siquiera han cuestionado adecuadamente la prohibición israelí de entrada a Gaza a periodistas internacionales (o la prohibición a las organizaciones de derechos humanos) y algunos han aceptado entrar en Gaza y Líbano junto con el ejército invasor israelí. Craig Mokhiber, ex alto funcionario de derechos humanos de la ONU, ha condenado el papel que han desempeñado los principales medios de comunicación occidentales al permitir el genocidio israelí:

La repetida recitación no crítica de propaganda israelí falsa y deshumanizadora por parte de los medios de comunicación occidentales no es periodismo negligente: es propaganda de guerra e incitación al #genocidio por la que deben rendir cuentas como lo hicieron sus homólogos mediáticos en los tribunales de Núremberg y Ruanda.

 

7 Principios éticos y profesionales del periodismo

Por todo ello, el Sindicato de Periodistas Palestinos y Palestinas y el Comité Nacional Palestino de BDS, la mayor coalición de la sociedad palestina y que lidera el movimiento mundial de BDS, piden a los medios de comunicación internacionales, a periodistas y a los sindicatos de periodistas:

  1. Volver a comprometerse con los principios básicos de la ética periodística, resistir a las presiones de Israel y sus grupos de presión, y desafiar los prejuicios editoriales racistas y deshumanizadores;
  2. Poner fin a toda colaboración institucional con medios de comunicación israelíes que, según consta, promueven la deshumanización, el odio racial y la violencia contra la población palestina, y excluir de los contratos de adquisición y publicidad a empresas implicadas en crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad o genocidio cometidos por Israel;
  3. Rechazar los viajes pagos a Israel organizados por el gobierno israelí o grupos de presión, abstenerse de “integrarse” en unidades militares israelíes y exigir al gobierno israelí que permita a todos los y las periodistas entrar en Gaza sin el acompañamiento de personal militar o gubernamental, para hacer su trabajo profesionalmente, sin miedo ni favoritismos;
  4. Adherirse a las guías de estilo que utilizan las Naciones Unidas o las organizaciones de derechos humanos autorizadas para describir el contexto y actualizar las propias guías para adoptar la terminología que se basa en el derecho internacional humanitario y de los derechos humanos. Esto incluye reconocer, como ha hecho la Corte Internacional de Justicia, que Israel está perpetrando un apartheid contra el pueblo palestino y que su presencia en los Territorios Palestinos Ocupados, incluido Jerusalén Este, es ilegal; definir las acciones de Israel en Gaza como una violación de la Convención sobre el Genocidio y como constitutivas de genocidio; e identificar al Primer Ministro de Israel como objeto de una orden de detención de la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad en Gaza;
  5. Evitar la repetición poco profesional y poco ética, ya sea intencionada o inadvertida, de propaganda y terminología engañosa propagada por el lado hegemónico/opresor;
  6. Respetar y defender el derecho de periodistas y otras personas que trabajan en los medios de comunicación a expresar pública y abiertamente su solidaridad personal con la causa palestina (fuera del ámbito de su cobertura profesional), sin ser sancionados o sancionadas por eso;
  7. Nombrar al perpetrador en las coberturas, en lugar de esconderlo tras una voz pasiva, y centrarse en las voces de los y las más afectadas por la situación de opresión o agresión, en lugar de “equilibrar” siempre esas voces con las perspectivas de la Potencia Ocupante o proporcionar mucho más espacio/tiempo a la narrativa dominante de los opresores. 

Como se pregunta el periodista paquistaní-canadiense Haroon Khalid: “¿Deben los y las periodistas seguir presentando todas las partes cuando sabemos que una de ellas miente, o que una de ellas es claramente la opresora? Al dar al opresor un medio para justificar su opresión, ¿perpetúa el periodismo el ciclo de opresión?”.

 

Contexto: apuntando a periodistas palestinos y palestinas y a sus familias

La mayoría de los principales medios de comunicación occidentales no solo no han cubierto con imparcialidad el genocidio en su contexto, sino que tampoco han informado sobre el asesinato masivo de sus colegas periodistas de Palestina, un hecho por el que han protestado valientes periodistas de Occidente. Un informe fidedigno publicado en octubre de 2024 por el Sindicato de Periodistas Palestinos y Palestinas, en el que se documenta la escala sin precedentes de los ataques de Israel contra periodistas en Gaza, revela que las fuerzas de ocupación israelíes llevan desde octubre de 2023:

  • 167 periodistas y trabajadores/as de prensa palestinos/as asesinados/as (incluyendo 21 mujeres). Esto representa el 11% de periodistas de Gaza.
  • 514 familiares de periodistas en Gaza asesinados/as en “ataques aéreos dirigidos contra viviendas y lugares de desplazamiento de periodistas”. Unos 115 hogares de periodistas han sido bombardeados deliberadamente. 
  • 357 periodistas heridos/as, de los cuales 101 resultaron de “ataques deliberados de la ocupación israelí a periodistas con misiles y disparos”.
  • 73 establecimientos de medios de comunicación destruidos en Gaza, entre ellos 21 emisoras de radio locales, 3 torres de transmisión, 15 agencias de noticias, 15 canales por satélite, 6 periódicos locales y 13 oficinas de servicios de prensa. Además, cerraron 16 organizaciones de medios de comunicación en Cisjordania, incluida Jerusalén.

Las amenazas generalizadas de Israel de matar a familiares de periodistas palestinos y palestinas que cumplían con su deber de informar desde el terreno en Gaza durante el genocidio y su asesinato real de esas personas para castigar a los y las periodistas no tienen precedentes en ningún “conflicto armado”. Como se ha informado ampliamente ya desde diciembre de 2023, existe un “patrón de ataques contra periodistas [palestinos/as] y sus familias por parte del ejército israelí”. Los y las periodistas palestinos de Gaza han recibido “amenazas de funcionarios israelíes y oficiales [militares israelíes] antes de que sus familiares fueran asesinados y asesinadas”.

La “impunidad total” de Israel

En enero de 2024, la Corte Internacional de Justicia determinó que Israel está plausiblemente violando la Convención sobre el Genocidio en Gaza y, en julio de 2024, dictaminó que toda la ocupación israelí de Gaza y Cisjordania, incluido Jerusalén Este, es ilegal y debe terminar. También declaró a Israel culpable de violar la prohibición del apartheid de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial. El 21 de noviembre de 2024, la Corte Penal Internacional dictó órdenes de detención contra el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el ex ministro del Gabinete de Guerra, Yoav Gallant, por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, incluida la inanición, matanza y persecución deliberadas de personas palestinas en Gaza.

Israel no podría haber alcanzado este nivel de lo que el Secretario General de la ONU describe como “impunidad total” sin el armamento, la financiación y el blindaje frente a la rendición de cuentas proporcionados por Occidente, liderado por Estados Unidos. Esto es de dominio público. En una conmovedora carta publicada en Variety en agosto de 2024, casi 70 cineastas de Palestina arrojan luz sobre una forma menos conocida de complicidad. Señalan la deshumanización, así como “el borrado, el racismo y la censura” a los que se ha sometido al pueblo palestino durante décadas como un factor clave que ha “permitido” el genocidio actual.

Durante el brutal ataque israelí a Gaza en 2021, su fuerza aérea destruyó un edificio de 11 plantas “que albergaba unos 60 apartamentos residenciales y varias oficinas, entre ellas las de Al Jazeera ... y Associated Press”. Aunque televisado, este crimen quedó sin castigo, lo que fomenta la impunidad. 

La cobertura de todo el ataque israelí se enmarcó en su momento como una “represalia” a los actos cometidos por los grupos de resistencia palestinos. Este dogma de la “represalia” se ha apoderado de casi toda la cobertura occidental de la carnicería de Israel contra el pueblo palestino, incluido el genocidio actual, que describe la resistencia de los y las oprimidas como el primer episodio de “violencia” e ignora el principio ético esencial de que, en una situación de opresión, es precisamente la opresión la que constituye la violencia inicial y es la causa fundamental de la violencia posterior

La cobertura de los principales medios de comunicación del asesinato dirigido por parte de Israel de Shireen Abu Akleh, icono del periodismo palestino, en 2022, mostró más de la misma parcialidad ideológica, racismo colonial y absoluto fracaso ético y profesional que han agravado la impunidad criminal de Israel.

Este enfoque, unido a la repetición generalizada y acrítica de afirmaciones propagandísticas israelíes sin fundamento, ha contribuido considerablemente a limpiar, encubrir e incluso justificar los crímenes de Israel y a afianzar su impunidad y su falta de rendición de cuentas conforme al derecho internacional.

 

El abandono de la ética periodística

La propaganda y la terminología intencionadamente engañosa de Israel han ocupado con éxito una posición central en la cobertura de la gran mayoría de la prensa dado el acceso sin precedentes que los medios de comunicación han concedido a los portavoces militares y políticos israelíes. Para exacerbar este proceso, muchos editores y periodistas occidentales –por miedo, parcialidad o ambas cosas– han abandonado los principios básicos de la ética periodística al proporcionar una plataforma abierta, acrítica y complaciente a los presuntos criminales de guerra israelíes para afianzar implacablemente su deshumanización de los y las palestinas –al reducir a poblaciones civiles enteras a “animales humanos”» o prescindibles– y para su incitación a una mayor violencia racial contra nuestro pueblo.

Este es el contexto que ha permitido a las fuerzas de ocupación israelíes tener la audacia y la impunidad de atacar mortalmente a periodistas palestinos y palestinas y a sus familias en un número sin precedentes en Gaza: un periodicidio. 

Aunque el derecho a la libertad de opinión y expresión es universal, incluidas las opiniones controvertidas, el compromiso con la verdad, la impugnación de la propaganda y la minimización del daño son principios básicos del periodismo. Abstenerse de permitir que un medio de comunicación se utilice para incitar a la violencia o promover el odio contra determinados grupos por motivos étnicos, raciales, religiosos u otras formas de identidad es uno de los principios éticos cardinales del periodismo. 

La Carta Mundial de Ética para Periodistas, aprobada en 2019 en el congreso de la Federación Internacional de Periodistas, dice que: 

El o la periodista velará por que la difusión de información o de opiniones no contribuya al odio o a los prejuicios y hará todo lo posible por no facilitar la propagación de la discriminación por motivos de origen geográfico, social, racial o étnico, género, orientación sexual, idioma, discapacidad, religión y opiniones políticas.

De acuerdo con los estándares de ética periodística, la obligación profesional de incluir a todas las partes de un debate no incluye proporcionar una plataforma para difundir mentiras o incitar a la violencia racial, incluso deshumanizando a las víctimas de esta violencia y, por tanto, enmascarando y justificando la continuación de la violencia contra ellas. Esto es particularmente cierto en tiempos de hostilidad violenta, conflicto u opresión, cuando tal incitación puede costar vidas humanas y medios de subsistencia o fomentar el genocidio, la limpieza étnica y otros crímenes de guerra o crímenes contra la humanidad, tal como se definen en el derecho internacional.