Was Epstein an Israeli weapon of mass extortion?

¿Fue Epstein un arma israelí de extorsión masiva?

Según reveló Drop Site News, Jeffrey Epstein, responsable de atroces delitos sexuales contra muchas niñas y mujeres jóvenes, aparentemente prestó valiosos servicios durante años al apartheid israelí (incluidos sus servicios de inteligencia). Como era de esperarse los medios de comunicación occidentales tradicionales, en su avalancha de informaciones sobre las actividades delictivas de Epstein, han censurado en gran medida sus irrefutables vínculos con líderes israelíes, como el ex primer ministro Ehud Barak (acusado de crímenes sádicos), altos funcionarios de los servicios de inteligencia israelíes, grupos de presión israelíes, organizaciones de colonos y figuras clave del lobby israelí en Estados Unidos. Robert Maxwell, padre de la cómplice y pareja de Epstein, Ghislaine Maxwell, era conocido como “el superespía de Israel”. 

¿Por qué es esto importante? porque sacar a la luz el uso de métodos criminales por parte de Israel para ganar influencia en muchos capitales puede ayudar a acabar con su “total impunidad” en la perpetración de su genocidio contra el pueblo palestino en Gaza y su acelerada limpieza étnica en Cisjordania. El genocidio perpetrado por Israel, el primero en el mundo que es retransmitido en directo, y su régimen de apartheid y colonialismo de asentamientos contra todas las personas indígenas palestinas no pueden continuar sin la complicidad de Estados, empresas privadas e instituciones, principalmente en el occidente colonial.

Epstein, un pedófilo convicto y financiador del tráfico sexual, construyó una enorme red de relaciones con hombres poderosos —y algunas mujeres— en Estados Unidos, Europa, India, Emiratos Árabes Unidos y otros lugares, ofreciéndoles “servicios” sexuales ilícitos con menores, acceso a círculos de poder y generosos pagos. Además de los desgarradores relatos de docenas de supervivientes, Epstein y su pareja (también condenada) documentaron de forma espeluznante gran parte de los horribles abusos sexuales y la corrupción en fotografías, videos y correos electrónicos.

Incluso el diario The Times de Londres se preguntó recientemente: “¿Era Epstein un agente del Mossad?” y citó a un alto funcionario de seguridad nacional del Reino Unido y profesor de la Real Academia Militar de Sandhurst, quien dijo: “¿Es posible que Epstein fuera un activo del Mossad? Sí”. Independientemente de si Epstein trabajaba directamente para el Mossad o no, sus conexiones con los servicios de inteligencia, las empresas y los líderes políticos israelíes han sido metódicamente reveladas por diferentes periodistas de investigación. Además, la empresa de Epstein prestó un gran servicio a Israel durante muchos años, mejorando su capacidad para establecer conexiones, acuerdos e influencia con responsables de la toma de decisiones en varios países.

Sin embargo, muchos de los sionistas más acérrimos que han permitido el régimen de opresión de Israel, entre otras cosas luchando por reprimir el movimiento BDS en nombre de Israel, han quedado ahora al descubierto por sus estrechas relaciones con Epstein. David Schoen, abogado de Epstein, “se jactó en correos electrónicos enviados al despreciado delincuente sexual de haber ayudado al gobierno israelí a contrarrestar el movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS)”, según The New Arab. Schoen, que también representó a Donald Trump durante su juicio político, admitió en esos correos electrónicos sus vínculos con el gobierno israelí y su guerra judicial (lawfare) contra el movimiento BDS.

Aparte de Trump, el autoproclamado “presidente estadounidense más pro-Israel de la historia”, los archivos de Epstein han comprometido (de diversas maneras) a Leslie Wexner, lobista israelí y “cómplice” de Epstein; al defensor de los crímenes de guerra Alan Dershowitz; al acusado criminal de guerra Tony Blair; a Larry Summers, fanático anti-BDS y expresidente de Harvard; al defensor del genocidio y expresidente de Estados Unidos Bill Clinton; el noruego Terje Rød-Larsen, padre de los acuerdos coloniales de Oslo; al destacado político sionista británico Peter Mandelson y al presidente del Foro Económico Mundial y ferviente opositor al BDS, Børge Brende. Estos archivos también involucran a muchos oligarcas de la tecnología y a poderosos ejecutivos, incluidos quienes posibilitan el genocidio de Israel: Peter Thiel, de Palantir; Bill Gates, fundador de Microsoft; Steven Sinofsky, exejecutivo de Microsoft; Sergey Brin, cofundador de Google; Mark Zuckerberg de Meta y Reid Hoffman, cofundador de LinkedIn, entre otros.

Es fundamental contextualizar históricamente todo esto. Israel se fundó en 1948 como una colonia de asentamientos en Palestina —mediante la limpieza étnica de la mayoría de las personas indígenas palestinas— como puesto avanzado del imperialismo británico. Más tarde sirvió como “herramienta” del imperialismo estadounidense al asegurar sus intereses en la región árabe, que resultaba altamente estratégica durante la Guerra Fría. Los imperialistas, los sionistas judíos, los sionistas cristianos y otros racistas antijudíos del Reino Unido, Estados Unidos y otros lugares acordaron, por sus propios intereses, crear una colonia supremacista judía en Palestina. Sin embargo, con el tiempo la relación ha cambiado drásticamente (aunque sigue basándose principalmente en intereses coloniales comunes) e Israel se ha vuelto mucho más asertivo, agresivo y, lo que es más importante, mucho más influyente en Estados Unidos y en todo el occidente colonial.

Si bien el papel protagonista de Israel en la destrucción del derecho internacional y de las Naciones Unidas coincide con la agenda de Trump de “la ley del más fuerte”, Israel —especialmente con su actual sistema fascista y desbocado que está “desestabilizando” la región— es considerado cada vez más por las personas expertas como un “lastre estratégico” para Estados Unidos. Aun así, cuenta con la lealtad de la Casa Blanca y de la mayoría absoluta del Congreso.

Ya en el 2001 el primer ministro israelí Netanyahu descartó la relevancia de un desacuerdo de Estados Unidos con sus políticas, presumiendo que “Estados Unidos es algo que se puede maniobrar fácilmente y mover en la dirección correcta”. Esto no era solo una expresión típica de la arrogancia colonial israelí, sino un indicador de la creciente confianza de Israel debido a su influencia sin precedentes en Estados Unidos. Una investigación encubierta suprimida por Al Jazeera en el 2016 reveló algunas de las tácticas insidiosas utilizadas por el lobby israelí para ganar esta influencia. El economista estadounidense de renombre mundial Jeffrey Sachs llega incluso a acusar a Israel, sus grupos de presión y sus amigos neoconservadores de instigar las guerras de Estados Unidos contra varios Estados de “Medio Oriente” que Israel consideraba enemigos y quería someter o desintegrar.

Debido principalmente al genocidio que está llevando a cabo, el apoyo a Israel a nivel de base y de la sociedad civil se está derrumbando en todo el mundo, incluso en Estados Unidos (y aun entre la juventud judía estadounidenses) y en Europa. Sin embargo, el apoyo incondicional de Estados Unidos y Europa en materia militar, financiera, tecnológicade inteligencia, diplomática, mediática y otras formas de apoyo ha seguido fluyendo. Si bien muchas empresas estadounidenses y europeas se han beneficiado enormemente del genocidio, la complicidad de los Estados occidentales en él ha perjudicado la posición colectiva de occidente, e incluso sus intereses, en la región árabe y entre la mayoría global, según han argumentado algunas personas. Incluso antes del genocidio, cuando la hipocresía colonial de occidente en torno a Ucrania y Palestina quedó al descubierto, un alto diplomático del G7 declaró al Financial Times: “Definitivamente hemos perdido la batalla en el sur global. Todo el trabajo que hemos hecho con el sur global [en torno a Ucrania] se ha perdido [...] Olvídate de las reglas, olvídate del orden mundial. Nunca más nos volverán a escuchar”.

Dejando a un lado la afinidad y los intereses coloniales, un factor importante detrás de la creciente complicidad de occidente es la influencia sin precedentes que Israel ha adquirido en Washington y, por extensión, en Bruselas, Londres y más allá. Como argumenta el destacado politólogo estadounidense John Mearsheimer, “la razón por la que se necesita un grupo de presión es porque Israel no es un activo estratégico, sino un pasivo estratégico”. Las conexiones de Israel con Jeffery Epstein deben entenderse en este contexto más amplio.

Existen diversos motivos por los que poderosos líderes occidentales, oligarcas empresariales, artistas y figuras de la academia y otros sectores siguen apoyando al genocida Israel. Algunos políticos argumentan que Israel sigue sirviendo a los intereses de sus Estados. Muchos están motivados por su compromiso ideológico con el sionismo (sionistas judíos y sionistas cristianos) y con el mantenimiento de Israel como entidad supremacista judía en Palestina. En otros casos, el interés propio (beneficios económicos, fama, acceso, etc.) es el motivo principal.

Pero en muchos otros casos, el apoyo a Israel no puede ser racionalmente atribuido a un compromiso ideológico o a los intereses que este defiende. Ahora hay pruebas más convincentes de cómo Israel (directamente o a través de sus grupos de presión y “activos” bien situados) ha utilizado la coacción, la extorsión y el soborno para garantizar la lealtad. Por ejemplo, ha utilizado la exportación de su software espía, así como sus servicios de desinformación y manipulación electoral, como herramientas diplomáticas para ganar influencia en muchos países del sur y del norte.

El congreso de Estados Unidos y la Casa Blanca, independientemente de si son demócratas o republicanos, son la prueba A y la prueba B de tales delitos, como han afirmado diversas figuras especialistas estadounidenses destacadas. Esta realidad se reconoce cada vez más, no solo en la izquierda política, sino dentro del propio movimiento MAGA de Trump. Los líderes de los dos principales partidos de Estados Unidos —que tiene un sistema electoral fundamentalmente antidemocrático, oligárquico y excepcionalmente corrupto— están “comprados y pagados” por diversos grupos de presión, entre ellos el lobby de las armas, el lobby tecnológico y el lobby israelí, este último denunciado por importantes representantes de medios de comunicación y el mundo académico estadounidenses. El hecho de que más del 95% de los miembros del congreso recibieron dinero de los grupos de presión israelíes en el ciclo electoral de 2023-2024, por ejemplo, explica las repetidas declaraciones de Jeffrey Sachs de que: “El lobby israelí domina la política estadounidense”.

La agenda “Israel primero” del gobierno y el congreso estadounidenses no solo ha garantizado decenas de miles de millones de dólares en apoyo al régimen de apartheid de Israel a lo largo de los años, incluidos más de 30.000 millones de dólares gastados por Estados Unidos para apoyar el genocidio de Israel en Gaza. Esta agenda ha sido un factor decisivo detrás de las guerras de Estados Unidos en el suroeste de Asia y el norte de África (SWANA, por sus siglas en inglés), que han matado directa e indirectamente a millones de personas iraquíes, afganas y otras, han devastado sus sociedades y han costado billones a las personas contribuyentes estadounidenses, todo ello a expensas de la salud, los empleos justos, la educación, las viviendas asequibles, los servicios sociales, etc. También ha costado la vida a decenas de miles de personas palestinas y el sustento de millones en toda la Palestina histórica, además de causar una devastación masiva en Líbano y Siria.

Israel no es, sin duda, el único factor detrás de las guerras imperialistas de Estados Unidos que se remontan a décadas atrás, pero se ha convertido en un factor innegablemente destacado. Epstein, que podría decirse que sirvió a Israel como arma de extorsión masiva, ha sido capturado, pero es posible que aún haya otros ahí fuera. Es una obligación moral intensificar la presión no violenta del BDS para poner fin al “dominio absoluto” de Israel sobre la política exterior estadounidense y más allá como un paso necesario para acabar con la complicidad en el genocidio y el apartheid de Israel.

Por el bien del pueblo palestino y otros pueblos árabes, por los pueblos de la región SWANA en general, de América Latina, de Groenlandia, de Estados Unidos y por la humanidad en su conjunto, debemos formar las coaliciones estratégicas, interseccionales y antirracistas lo más amplias posibles que reconozcan nuestros principios comunes, que luchen por la rendición de cuentas y el fin de la impunidad, y que construyan una masa crítica de poder popular para poner fin a la injusticia y la opresión. Todas las personas merecemos y lucharemos sin descanso por la libertad, la justicia y la igualdad, desde Palestina y Líbano hasta Venezuela y Cuba y en todos los lugares del mundo.