Israel votó por el genocidio y por la Nakba en curso contra el pueblo palestino indígena. Hacemos un llamado a escalar la presión del BDS a nivel global para aislar aún más al régimen genocida y de apartheid colonial de asentamientos de Israel, como la forma más eficaz de solidaridad con la lucha palestina por la justicia, el retorno de la población refugiada, la reparación y la liberación.
A más de tres años de su genocidio en curso, o lo que una destacada figura israelí de los derechos humanos ha calificado de “holocausto en Gaza”, Israel votó por seguir con el genocidio como si nada contra el pueblo palestino. Los partidos sionistas israelíes están profundamente divididos en cuestiones sociales, económicas e ideológicas: cómo debe gobernarse la colonia de asentamientos, cuánta “independencia” debe tener el poder judicial, si la ciudadanía judía ultraortodoxa debe también prestar servicio militar y compartir la carga tributaria o no, etc. Sin embargo, existe un consenso casi total entre ellos sobre los elementos principales del régimen de opresión colonial.
En el extremo más a la derecha del espectro de los partidos de la oposición israelí se ubica el general Gadi Eisenkot, responsable de una larga lista de crímenes de guerra y de lesa humanidad, que formó parte del gobierno de Netanyahu durante ocho meses en pleno genocidio en Gaza, se opone a un Estado palestino y es el artífice de la Doctrina Dahiya del ejército israelí, que prevé el uso de fuerza desproporcionada contra la población civil. En el extremo “más a la izquierda” de ese espectro se encuentra el general Yair Golan, líder de los Demócratas, quien ha defendido algunos de los peores crímenes genocidas contra el pueblo palestino en Gaza. En una entrevista del 13 de octubre de 2023, por ejemplo, Golan dijo: “En primer lugar, cerremos todos los interruptores de electricidad hacia Gaza. Creo que en esta batalla está prohibido permitir cualquier esfuerzo humanitario. Tenemos que decirles: escuchen, hasta que se libere a las [personas cautivas], de nuestra parte, pueden morir de hambre. Es totalmente legítimo”.
Ante este consenso genocida en el campo de la oposición sionista israelí, quien preside B’Tselem, la mayor organización israelí de derechos humanos, afirmó: “Israel desata un holocausto en Gaza, y no puede descartarse como la voluntad exclusiva de los actuales líderes fascistas del país. […] Lo que presenciamos es la etapa final de la nazificación de la sociedad israelí”.
Un día antes de las elecciones, una Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU publicó un informe que concluye que Israel ha seguido cometiendo genocidio, exterminio y otros crímenes de guerra y de lesa humanidad contra el pueblo palestino, y que destaca la persistencia de estos crímenes en 2026 pese al “alto el fuego”. Como era de esperar, los medios y el electorado israelíes, así como los medios y gobiernos del Occidente colonial, ignoraron el informe.
En cambio, dada la impopularidad sin precedentes de Israel a nivel mundial, la obsesión coreografiada de esos gobiernos y medios con cada detalle de las elecciones israelíes revela un intento desesperado del Occidente colonial por borrar el consenso genocida mencionado, rehabilitar al Israel del apartheid, presentarlo otra vez como una “democracia”, aunque defectuosa, y culpar a Netanyahu de todos los “problemas” de genocidio y exterminio planificado para enterrarlos junto con el posible final de su carrera política.
En efecto, el Occidente colonial, con sus medios, centros de pensamiento, autoridades de instituciones académicas y culturales, etc., quiere distraer a la mayoría global del genocidio, en especial de la hambruna creciente de cientos de miles de integrantes de nuestro pueblo en Gaza, de la limpieza étnica en escalada en Cisjordania, de la violencia genocida en el Líbano y de las guerras de agresión contra otros pueblos de la región, desde Siria hasta Irán. Quiere que se olviden las decisiones de la Corte Internacional de Justicia sobre la plausibilidad del genocidio de Israel y sobre su ocupación y su apartheid, totalmente ilegales, para eludir las obligaciones legales que esas decisiones activan, entre ellas cortar las relaciones militares, comerciales, diplomáticas, académicas, culturales y de todo tipo con Israel que posibilitan su ocupación y su apartheid ilegales.
Cabe mencionar que los partidos que representan a la población palestina con ciudadanía de segunda clase en el Israel del apartheid obtuvieron una cantidad sin precedentes de escaños en el Parlamento israelí, gracias a una alta participación que refleja un intento, contra viento y marea, de defender la existencia palestina y resistir los esfuerzos coloniales cada vez más intensos de Israel por expulsarla de sus tierras, empleos y comunidades. Sin embargo, en su mayoría comprenden que el apartheid, sin importar cuán más o menos fascista sea la coalición gobernante, los someterá igualmente. El régimen colonial de asentamientos sionista de Israel ha sido siempre, desde su creación en 1948 mediante la destrucción premeditada de la patria palestina, un sistema de supremacía judía y opresión.
Para el pueblo palestino indígena, ya sea con ciudadanía de segunda clase en el Israel del apartheid, bajo su ocupación ilegal y en resistencia contra ella, o en el exilio y privado del derecho al retorno, muy poco cambiará con un eventual cambio de apariencia de la colonia de asentamientos, pues las estructuras centrales de su poder colonial de asentamientos genocida seguirán siendo las mismas.
Nuestra respuesta debe ser insistir en que jamás habrá rehabilitación del Israel genocida en ningún foro del mundo y escalar la presión del BDS para aislar a su régimen de apartheid colonial de asentamientos, tal como se hizo con la Sudáfrica del apartheid. Esto debe incluir:
- Expulsar a Israel de la ONU y de todos los foros regionales e internacionales, como la FIFA, los Juegos Olímpicos, la UEFA, Eurovisión, asociaciones académicas y profesionales, el programa europeo de investigación Horizon, que se cancele el acuerdo que tiene con la Conmebol, etc.
- Imponer embargos militares y energéticos integrales.
- Poner fin a todos los tratados de libre comercio y cortar todas las relaciones comerciales, diplomáticas, financieras, académicas, culturales y de otro tipo que posibilitan la ocupación y el apartheid ilegales de Israel, como exige la CIJ.
- Poner fin a todas las transacciones con bancos y empresas israelíes.
- Boicotear, donde sea viable, y exigir la exclusión de las contrataciones públicas y las inversiones de todas las empresas cómplices del genocidio, el apartheid o la ocupación ilegal de Israel.
- Escalar los boicots académicos, culturales y deportivos contra Israel y todas sus instituciones cómplices y personas que actúan de “embajadoras culturales”.
Como han coreado millones en todo el mundo una y otra vez, Palestina nos libera a todos y todas. El régimen de opresión de Israel es una amenaza para la humanidad, no solo para el pueblo palestino y los pueblos de la región. Es socio de gobiernos fascistas del mundo entero, y sus tecnologías de manipulación electoral y espionaje aceleran la erosión de la democracia en todas partes. Envalentonadas por el genocidio de Israel transmitido en vivo, las potencias imperialistas, en particular EE. UU., se quitan la máscara y reviven la conquista colonial descarada y el saqueo de bienes propios del siglo XIX. El gasto desmedido en militarización y guerras implica mayor destrucción del medio ambiente y una erosión mucho más veloz del Estado de bienestar, de los servicios sociales, de salud y de educación, del régimen democrático, del derecho internacional y de la ONU, sobre todo a costa de los sectores más vulnerables.
Frenar el genocidio de Israel, desmantelar su régimen de apartheid y exigir cuentas a todo el régimen israelí y a sus cómplices en Occidente debe, por lo tanto, estar en el centro de la resistencia a la era de la ley del más fuerte que encabezan Israel y sus socios occidentales en el crimen. Un mundo mejor es posible, y hoy la liberación palestina está en su centro.